¿Qué pasa con la cultura?

Gerardo Grieco, Gabriel Calderón y Álvaro García, analizaron “¿Qué pasa con la cultura?”, una actividad organizada por la Nueva Agenda Progresista (NAP) que consistió en un diálogo distendido, impregnado por las noches de “Boliches de Agosto”, en el Bar El Republicano, donde se entabló un intercambio profundo acerca de los desafíos que tiene por delante la cultura en nuestro país.

Álvaro García, Presidente de la NAP, abrió el diálogo ineludiblemente marcado por su veta artística y recordó que “en algún tiempo cantamos A desalambrar, y eso representaba una épica, una filosofía y una visión del mundo. Un par de décadas después cantamos A Redoblar, que también significaba una épica y una visión muy clara”. Después, invitó “a poner un verbo entre todos”, planteó la pregunta “¿a qué cantamos hoy?”, y puso sobre la mesa “la necesidad de construir un nuevo relato”.

Asimismo, “reconoció que para el artista, en cualquiera de sus disciplinas, ha sido difícil financiar su vida a través de su actividad”, y señaló que “está convencido que con políticas públicas y desarrollo del sector privado en forma coordinada se pueden lograr buenas cosas”.

Gabriel Calderón, dramaturgo y director de teatro, relató una impresión personal remontándose a sus comienzos en el teatro con el estreno de su obra “Mi muñequita” en 2004, cuando se sumergió en el sistema cultural. “En el 2004 teníamos el Solís cerrado, el SODRE sin perspectiva, literalmente abandonado, muchos de los teatros del interior cerrados y algunos departamentos sin un solo escenario. No existía una cultura de lo posible, eso es lo que cambió en diez años”, resaltó.

Según Calderón “tenemos una vuelta de la tortilla en diez años, todo lo que era inimaginable sucedió”, y nacieron la Ley de seguridad social para los artistas, la Ley de cine, la Ley de fondos concursables y la Ley de incentivo cultural. 

“Lo impensable sucedió”, dijo, “el sector privado invirtió 7 millones de dólares en cultura porque siente que es un sector que aporta”, y destacó que también abrieron sus puertas el Teatro Solís y el SODRE.

Con congoja y a su vez orgullo por las nuevas generaciones, Calderón recordó que no pudo estudiar teatro “porque no existían los bachilleratos artísticos”, ya que “no era una opción de vida para el estudiante dedicarse al arte o a la cultura, no era una opción seria”, remarcó.

Con la experiencia de sus años en contacto con la cultura explicó que “enfrentamos un desafío nuevo, antes era muy notorio lo que no había, y ese antes es muy reciente: diez años”. Agregó que “el desafío ahora es pensar y planificar” y dijo que sus “ambiciones ciudadanas son muy superiores a la realidad, yo sueño un país cultural mucho más grande del que tenemos y que el cambio y el salto haya sido grande no quiere decir que el salto que pretendo sea mayor”. 

Además, Calderón resaltó que “estamos en momento de poner en valor todo lo hecho porque si en ese lapso lo pudimos hacer, no sólo fue el cambio de una o dos administraciones, sino de la ciudadanía en el conjunto que ha dejado de cuestionar la inversión en cultura”; por eso, dijo: “tenemos que defenderla”.

Resaltó también que “Uruguay busca un sistema que profesionalice el sistema cultural, generar intercambio de artistas y que se vea traducido en el disfrute del ciudadano real,  es ese el desafío”, finalizó.

El director del Auditorio Nacional del SODRE, Gerardo Grieco, señaló que “en estos diez años el Estado hizo mucho más de lo imaginado”, pero reconoció que los uruguayos “a veces no somos agradecidos con nosotros mismos” y que “siempre estamos mirando la mitad del vaso vacío y no la mitad del vaso lleno”, manifestó, al tiempo que invitó a “mirar el medio vaso lleno” para reflexionar acerca de “¿qué pasa con la cultura?”.

Si bien Grieco reconoció que hay aspectos a corregir, “las políticas públicas ahora existen y antes no existían”, y planteó como una necesidad “dar un salto cualitativo en la cultura”.

En referencia al “nuevo relato”, mencionado en la apertura por Álvaro García, señaló que a él le gusta plantearlo como un desafío y preguntarse “qué es lo que pasa ahora que tenemos las condiciones que no teníamos para soñar, para soñar en grande” y añadió: “ahora hay que soñar con ese Uruguay del siglo XXI que estamos en condiciones de refundar, o de volver a soñar aquella Suiza de América que era un relato cultural, ni más ni menos, el del Uruguay del siglo XX, y fue un relato cultural que nos trajo hasta acá”, reflexionó.

Asimismo, afirmó que “es muy importante empezar a romper algunos viejos paradigmas: no hay que pedirle al estado que haga todo, el estado tiene que hacer muchas más cosas con el sector privado con decisión y sin prejuicios”, aseguró Grieco.

Señaló que “la vía de profesionalización de la cultura, de cómo hacer para vivir de lo que hacemos” pasa por incentivar a los privados a través de una legislación de promoción de inversiones en cultura para atraer inversión privada y del extranjero: “lo mismo que hacemos con la industria hay que hacerlo también en la cultura”, dijo. 

Por último, propuso un cambio en la institucionalidad de la cultura y abogó por la creación de un “Ministerio de Cultura” y un “Consejo Nacional de Cultura”, el que, a través de una estructura colegiada, evite personalismos en favor de la sociedad y de la cultura.

Una vez finalizadas las intervenciones iniciales de los integrantes de la mesa, comenzó el intercambio de impresiones, el director de Tevé Ciudad, Martín Papich, manifestó metafóricamente que es necesario “romper el techo, que hoy está a la vista, cuando hace más de diez años no lo estaba” para “seguir construyendo escalonadamente”.

Asimismo agregó tres aspectos al diálogo, que son complementarios “al inventario cultural de los últimos años”, dijo. 

El primero aspecto es “la sustentabilidad de las políticas culturales”, y reflexionó que “la sostenibilidad tiene que ver con que las cosas se transformen en un problema o en una cosa para mucha gente, y no para poca gente”, dijo Papich, y ejemplificó con el que, a su juicio, ha sido uno de los problemas fundamentales de la televisión pública: su abandono por parte del Estado, del público y de los hacedores, por lo que la televisión pública terminó siendo “un problema de casi nadie”.

El segundo aspecto “es la pelea por el público y la audiencia”, señaló, y opinó “que se está debatiendo y se está discutiendo muy poco con respecto a cuánta gente ve y cuánta gente disfruta de las cosas que los hacedores, los productores ponen en el ruedo”, dijo. 

Asimismo, Papich manifestó que no hay que ocuparse “solamente de aquello que el Estado financie y alimente”, sino que hay que estar pendientes de “qué pasa con los otros componentes de la sociedad”, y agregó que “esa debe ser una preocupación que se instale en absolutamente todos los colectivos creativos”, preguntándose: “¿para quién estamos haciendo las cosas? ¿qué es lo que estamos proponiendo? ¿qué tipo de teatro, de cine, de contenidos audiovisuales estamos generando? ¿para quién? ¿quién los ve?”. Por su importancia afirmó que pondría este aspecto en el primer lugar.

En tercer lugar, Papich insistió en la necesidad de profundizar la alianza público privada, a través de normas de incentivo fiscal y de captación de inversiones. Tras elogiar los logros de la ley de inversiones en los sectores productivos tradicionales se preguntó “¿No será hora de valorar los intangibles y no solamente los tangibles en la generación de inversiones del sector privado?”, finalizó.

Tras un fecundo intercambio de impresiones y reflexiones que se extendió por más de dos horas entre asistentes e integrantes de la mesa, se cerró el encuentro “¿Qué pasa con la cultura?” organizado por la Nueva Agenda Progresista (NAP).